Ahora que lo pienso, no sé nada de ti, nunca me contaste alguna historia más que las que creamos y ahora claramente son historia, supongo que tú tampoco sabes nada, tal vez ni recordarías mi otro apellido, es raro, porque yo tengo un recuerdo exacto de tus dedos de los pies, hermosos, no tan bizarros como deberían ser, también recuerdo tus manos, pero no tu historia.
Recuerdo toda la niñez de Joshua con su abuela, los libros y el televisor roto; recuerdo la pre adolescencia de Camilo con sus gatos trillizos huérfanos y la novia psicópata; pero de ti no sé nada. Nada más que tenias una linda y acogedora cama a tres pasos de una ventana oculta que solo abrías por las mañanas para juntos ver pasar nuestra nube preferida, y pensé que eras el amor de mis amores, la sonrisa de mis sonrisas, ¡el vestido de mis vestidos!, pero fuimos mascotas mutuas del fugaz destino.
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