Futuros presentes pasados, que errabuendéan por ahí.

Los Wilberts.



Cada día siento que soy más vieja, en serio, esa noche fuimos a un bar y como aun soy ‘ilegal’ en este maldito país y no puedo comprar ni beber alcohol hasta cumplir los 21 como ley estatal, le dijimos a Wilbert (el mesero) que yo era del 86 como mi prima, él no lo dudo nada, creo que hasta él es de ese año, nos llevó el tequila y luego hubo una parte de la noche que no recuerdo muy bien, pero se llegó a sentar con nosotras, él es latino, bien amable, un tipo normal, promedio, ya saben de esos que se peinan para atrás y les queda la marca de las cerdas del peine, se perfuman más de la cuenta para que tengamos en cuenta que es limpio y usan zapatos puntiagudos que "dan" con el cinturón, es de esos que sonríen de lado derecho y luego guiñan  el ojo izquierdo cuando te dicen: Yo también soy de ahí, somos paisanos... Y bueno nosotras que? Yo por mi parte fui a tratar de vomitar tres malditas veces porque me dolía la vesícula que ya no tengo y no pude, ya lo he dicho antes, no puedo provocar el vómito, desde la vez que tenía unos doce años y habíamos ido con toda mi familia al cementerio a ‘enflorar’ , mi abuelo decidió que pasáramos comprando pupusas en un lugar céntrico, que estaba por el mismo cementerio la Bermeja. La casa pupusería rebalsaba de gente, porque según eran buenas y en efecto lo eran, como mi madre no había ido porque acaba de tener a mi hermano y según los dichos, ni él ni ella podían recibir “ijíyo” (no sé cómo se escribe, es una palabra de abuelas y estoy poco segura que la utilizan para denominar al ambiente o viento o algo que los muertos o cementerios “expulsan al aire” y puede causar daño?) En realidad no creo que mi madre creía en eso, el punto es que como ella no fue mis abuelos me pidieron pupusas de chicharrón/revueltas, yo apenas a esa edad quizá me comía una y ellos me hicieron comer tres, con el cuento de que siempre era más delgada que mis otras dos primas de la misma edad, entonces las comí, y como siempre comía lento, no las había terminado y me las fui terminando en el camino, mientras iba en la parte trasera del pick-up de mi tío (tipico de nuestra gente) él manejaba rápido, porque tenía que ir a dejar a todo el resto de la familia a diferentes puntos de San Salvador, que trajín! Al llegar a la casa abrase a mi mamá y me di cuenta que el “ijíyo” quizás me había hecho efecto, estaba pálida, y tenía la boca salivosa, con asco, la garganta dilatándose sin obtener respuesta, "chupando" limón y luego estuve tratando de vomitar una hora  hasta que vomite restos poco a poco por otras dos más, fue traumático y desde esa vez cada vez que sentía ese asco, me costaba expulsarlo, claro que cuando la comida es quien se cansa de estar abajo entre ácidos y se atreve a salir, se viene con todo y no podes hacer nada, como cuando en formación de "Tercero B" vomite y chispee de Choco Krispis con leche al uniforme blanco debajo de la rodillas y las pantorrillas de la Cindiente y ella me volvió a ver con cara de asco y odio. Luego fui el evento de la semana, y la vergüenza para que en formación general la monja dijera: < Sí, mi vida está llena de vergüenzas por todas partes, y bueno por suerte esa noche de la que comencé hablando no vomite. Qué hubiera dicho el emprendedor de Wilbert, probablemente que aún era una adolescente que no acostumbra a su estómago a beber alcohol en grandes cantidades, Ah nó, adolescente nó, porque se creyó que era del 86, así que concluyo: Me veo vieja, me ¿hago vieja? vivire joven en la mente de alguien (hablo del físico, porque mentalmente estoy jovencilla) esta es mi época más cachetóna de mi vida y eso no me hace nada sexy (solo para los Wilberts de mi dísque edad "24", quienes apáchan el ojo y te hacen preguntas personales, saliéndose de su rol de meseros.) MATENME. 


PD: Según mis primos todos los hombres en El Salvador se llaman Wilberts.

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