Futuros presentes pasados, que errabuendéan por ahí.

No os preocupéis por tener gato.



Estoy más ocupada que una mujer con cinco hijos haciendo flores de muertos para vender en primero de noviembre, o más bien así me siento –porque sou muy exagerada- me la paso caminando y tomando buses y luego caminando más y esperando cuarenta y cinco minutos para entrar al trabajo, entonces aprovecho el tiempo y leo la novela de la clase, un poco agotador y solitario, bastante frió -porque estoy en las bancas de los apartamentos del edificio de mi trabajo. Veo todo tipo de gente pasar, chinos, latinos, negros, blancos, niños que andan dando vueltas en bicicletas y patines, gritando, gastando toda su tarde en dar vueltas y decir "time out" ¡que feliz! Quisiera ser niña de nuevo, y jugar a todo tipo de cosas, quiero ser niña de nuevo y no preocuparme por nada. Sin embargo sigo con esa "niñez" dentro y no me preocupo mucho por las cosas; ahora por ejemplo lleve unos recortes de matemática sin pegar por que no estaba segura si eran así, -luego me di cuenta que sí eran pegados- entonces Zeus o las atalayas voladoras divinas de Jehovah pusieron a una buena samaritana brasileira en mi camino, quien me dio pega en barra sin costo alguno. O como el primer día de clases que conocí a Karol y me invito a comer bbq chicken  y papas fritas –amo las papas fritas-. Ves, las cosas salen bien sin preocuparse tanto; "no te preocupes, porque te vas a enfermar de los nervios"- me decía mi mama, no sé si es verdad –no creo-  quizá ella se lo inventaba o lo escucho de sus padres; pero escucho a mi compañera de cuarto quejándose en las noches antes de dormir, y resulta que bueno no puedo asegurar que tiene algo en sus nervios, pero estoy segura que a veces se siente un poco infeliz.

Mientras tanto hay personas como Ana -una chica algo loca mexicana de dieciocho años quien trabaja con migo- se reía sin parar la otra noche frente el contenedor enorme de basura de todos los apartamentos, donde nos toca tirar la basura del trabajo. La llave del portón del edificio sin querer había volado de sus manos, cuando le dimos vuelta a la bolsa en el contenedor, perdiéndose entre la demás apestosa basura. Pasaron cinco minutos entre risas y "iughs" pero la encontró, luego al salir del local se dio cuenta que había traído otra cartera, y que la llave para cerrar el local no estaba; ¿Cómo haríamos?  La propietaria –una señora árabe muy tacaña-  anda de viaje, lo indicado seria tal vez hablarle a otra trabajadora para que nos trajera su llave, así el local no quedaría vulnerable de robos y completamente abierto con el más mínimo empujón o fuerte soplo de viento; Pero ahí estábamos tres minutos después y la frase repetitiva era "no va a pasar nada, no creo que pase algo". Y ya ves, al siguiente día, estaba todo, con las dos puertas topadas meticulosamente, no pasó nada, la vida sigue y algo nos cuida, dejamos abierto el local en esa calle peatonal y no pasó nada, ni una galleta menos. Y hoy mientras leía en las bancas de "la terraza" -así se llama el edificio de los apartamentos- un señor gris de ojos Verdi azules se me acerco sin miedo, y dijo: meaw! Es la primera vez aquí que un gato se me acerca! Se subió a la banca junto a mí, se dejó acariciar durante unos cinco minutos, interrumpiendo mi solitaria y fría lectura, luego me vio a los ojos como diciendo algo, dio un salto y se marchó, contento y vanidoso, cual gato gris; es por eso que me encanta este nuevo trajín de caminar, independencia, música, clases, buses, galletas gratis aunque lo único que me hace falta sigue siendo el gato se que así como ese se me acercó encontrare pequeño ser muy de repente. 

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Cosas Viejas