Ahora es domingo,
es un domingo más aburrido que cualquiera alrededor del mundo, más aburrido que ver domingo para todos en El Salvador, más pésimo que ser empujado por miles de japoneses para entrar a un tren que te llevara a casa en las siguientes cinco horas, más tonto que salir con una amiga materialista a comer solo porque tenias hambre y ella invita.
Yo hoy me levante tarde, no sé qué fue de mi ayer en la noche- es otra historia. Hoy salimos nada más a
hacer lavandería con toda mi familia –Ya que no instalan aun
las lavadoras en la casa, nos tardamos casi
toda la tarde. Las lavanderías señores no son lo que nos muestran en las
películas yankees, las lavanderías no tienen colores pasteles y muchachos
gentiles que de repente echan más monedas a tu máquina de secar porque te hacían
falta, no te invitan a un café mientras la ropa está lista, no te dejan su numero de teléfono entre tus calzones mientras vos vas por cambio, no hay canciones indie de fondo, no hay
refrescos de coco, -No chicos tampoco hay chicas con grandes cocos quitándose la blusa para lavarla de una sola vez. Las lavadoras están llenas de pelo ajeno dentro de las maquinas, de semillas que algún
niño andaba en su pantalón y quedaron ahí y se lavaron, todas las maquinas son de diferentes tamaños
y hacen ruidos permanentes que te dejan clavado y te hacen envejecer.
En estas lavanderías de alrededor
de mi nueva casa, solo hay viejos asiáticos que se tardan mil años en desocupar
las carretillas para transportar la ropa húmeda a las máquinas de secar; mujeres asiáticas que con sutileza y seriedad doblan prenda por prenda al salir
del secado, las ves a todas alineadas como si estuvieran en algún concurso
de disciplina de doblado de ropa para ganarse un bonsai; una que otra mujer latina gritándole a los hijos que no corra con las carretillas, o que no eche todas las monedas de una sola vez; mientras tanto yo y mi familia estábamos ahí echando
la ropa a como cayera en bolsas plásticas, afuera hacia mucho viento que estaba muy frio como de costumbre, y yo solo pensaba en mi vida, si viviera sola en un
apartamento o algo así, tendría que pagar por esos servicios de lavandería, y gastar
mi tiempo eso es realmente tedioso, no es lo mismo que estar en tu casa ir a
echar la ropa y regresarte al sillón a comer nutela mientras ves una película
alemana, no es lo mismo que tu abuela –quien pasa pendiente de todo- te diga
que tu ropa ya está lista, no es lo mismo. Aunque en momentos como estos en los
que comparto mi espacio con mi querida roommate preferiría estar embarazada y haciéndome la gustosa y delicada durmiendo felizmente, y es que el volumen de la televisión
es realmente alto, que cuando la canción que escucho no está en el coro, puedo
escuchar las exageradas voces de la película; la película es chihuahua 2 -nunca vi la 1. Es una
cosa muy de mal gusto, la típica película donde los perros hablan y los humanos
son estúpidos, tal vez solo los niños de cinco años la disfrutan, comenzó con dos lindos chihuahuas que se amaban e iban a
casarse, se casaron y tuvieron hijos, tiernos cachorritos que corrían y también
hablaban con voces estridentes. POR FA-VOR! No sé qué es lo peor ahorita, si yo
actuando como amargada traumada sin ver lo ‘bello’ que la vida nos da, o ese
chiuhua hablando en ingles que tiene una especie de muletilla diciendo: ¡Mi
amor! !Mi chiquita! Actores que no son nada cómicos haciendo el ridículo.
Esta es mi vida.
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