Fantaseo mucho, no sé si está bien, mi mente comienza a rodar películas extranjeras hechas en casa, no sé cuándo sucede, a veces voy en el tren y me topo con unos zapatos como los tuyos, ánda que no son los converse, para que no digan que al objeto más común le pongo tu cara, hablo de los botines marrones de cintas moradas, es inevitable repetir en mi mente su historia, de cómo las gallinas perdieron las verdaderas cintas y todo eso que da risa… A veces las escenas se ponen dramáticas, te veo sufriendo un choque contra un carrito de helados, luego de cruzar toda la ciudad para conseguir la única galleta de la fortuna que quedaba, y que te rajaste el coco, y estas en el hospital, y yo estoy entre sabiendo nada y algo. Algo porque no había pensado en vos toda esa tarde, pero de repente vi pasar a un chinito con la única galleta de la fortuna, ahí entró entonces tu rostro, y pienso en que no he sabido nada, en eso habla María Salomé y dice que estas desaparecido, que no saben nada, que andas de parranda? Pero sé que la galleta es la que te ha matado, entonces voy a chin-chon-chun-cháy la tienda china de tu preferencia y me dicen que estas en el hospital hipnotizado por enfermeras danzantes que te tiran el sostén, y se sueltan la melena. Así que llego y corro en los pasillos blancos e infinitos, tratando de dar con el número de tu cuarto, con eso que se me resecan los ojos y se humedecen dando pie a lagrimas, abro la puerta y corro a abrazar el bulto de sabanas hospitalarias que cubren el cuerpo, diciendo: -Debí haberte llamado, y sobornar al maldito chino que se me cruzo enfrente, te juro que sería capas de comprarte una dotación de galletas entera para que no estuvieras aquí”-. Abrazo más apretado y no obtengo ninguna respuesta, así que levanto la mirada y veo la cara de un chino que se ve enojado a pesar de enfermo, ¡Era el cuarto de enfrente noo! Yo siempre de arrebatada, pero estoy segura llegué antes que María Salomé, me peino un poco para que no notés que venía apresurada, abro y ahí estás, sin enfermeras danzantes ni María Salomé, con la misma lánguida mirada fija con collarín y turbante de gasas, tan... Pero hay algo que me impide seguir el paso, no puedo, no podes verme ahí, vulnerable, viéndote, si solo el ramo me falta, no soy un hombre, y mis pies van retrocediendo a lo Michael Jackson, sin hacer ruido de choyón, no puedo, no podés verme y salgo mientras choco con María Salomé, dice que vino lo más rápido que pudo, trae el ramo y la dotación original de chin-chon-chun-chaaay, ella si es un macho, le faltó el mariachi, pero sé que te pondrás feliz. Yo me bajo en la otra parada cayendo en cuenta que fantaseo mucho.